Conclusión Final
La aparición de la Victimología
ha logrado que la focalización hacia la figura del delincuente se desdibuje y
las víctimas de los delitos, especialmente de los delitos violentos, estén
empezando a ser objeto de estudio, tanto por profesionales como así también por
el legislador en la configuración de la respuesta penal. Por esto se entiende
la derivada de haber padecido un delito, que cuando va acompañado de violencia
o experiencia personal con el autor suele ir acompañado de efectos que se
mantienen en el tiempo y pueden ser físicos, psíquicos, económicos o de rechazo
social.
La víctima de un delito no solo ha
de enfrentarse con los perjuicios derivados de la lesión o puesta en peligro
del bien jurídico protegido que conlleva el delito, sino que, en muchos casos,
acompañando a éste, se producen otras series de efectos que inciden en la
gravedad material del daño o perjuicio producido. Y si bien en hoy en día, ante esta situación
de fracaso de las instituciones estatales en lo referente a la asistencia a las
víctimas de delitos se advierte una corriente francamente innovadora que lleva
a propugnar incluso la modificación radical de la justicia penal, a partir de
una comprensión seria de la víctima y sus circunstancias en el fenómeno
delictivo, dando un nuevo papel a cumplir a las penas sustitutivas de las penas
privativas de libertad.
Lo que sí es indudable, es que las víctimas deben tener un lugar, un sitial importante a la hora de tomar decisiones tanto en el plano procesal, como en de la política criminal para construir una sociedad no pro-víctimas, sino una sociedad respetuosa de los Derechos Humanos.No es posible concebir un sistema penal en que los imputados no posean derechos básicos, como a la defensa letrada, o al debido proceso; ni tampoco, una sociedad en que las víctimas, vulneradas en sus garantías y derechos, no puedan participar en el proceso ni tengan respuestas resarcitorias por parte del Estado o del imputado. Un Estado de Derecho, que se conciba como tal y que pretenda ser promotor de los Derechos Humanos, no puede negar estas realidades.

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